Diez años en compañía de datos

Autor: Alberto Ortiz de Zarate Tercero
@alorza
Senior Manager DDC

La información, al igual que otras materias primas, es un bien que es necesario procesar, en torno al cual se crea valor económico y de cuya relativa escasez se derivan relaciones asimétricas de poder. La llegada de Internet y de la web social está redefiniendo profundamente el campo de juego, en un contexto de abundancia y de mayor protagonismo de la ciudadanía.

Con este párrafo comenzaba el primer texto que escribí sobre datos abiertos, en abril de 2009. Ya han pasado más de 10 años de esto y del pistoletazo de salida de los primeros grandes portales de datos abiertos, encabezados por data.gov y data.gov.uk. Creo que es momento de reflexionar sobre la evolución de las políticas de apertura de datos públicos.

En aquellos días fundacionales, el gran eslogan era raw data now. Sabíamos que la apertura de datos consistía sobre todo en cambiar mentalidades. Cambiar, por ejemplo, la idea de que los datos fueran propiedad de las administraciones y, al contrario, reconocer que los datos públicos son públicos, son de todos. Cambiar, también, la idea de que la información solo se puede entregar ya cocinada e incorporar a cambio la noción de transparencia colaborativa, en la que la ciudadanía toma un papel activo.

En resumen, la estrategia más adecuada entonces era publicar todo y publicarlo rápido, para generar la masa crítica suficiente para la reutilización de datos y así llevar a un punto de no retorno.

¿En qué punto estamos ahora?

Las circunstancias han cambiado mucho desde entonces. Afortunadamente. En 2019 la estrategia ya no puede ser la de la mera cantidad, sino que debe orientarse al impacto, a la consecución de valor público. Hay que responder de manera seria a los paraqués de esta política.

En cuanto a la reutilización, ha llegado el momento de adoptar un enfoque sectorial. El valor de los datos se alcanza cuando se pone en relación a los problemas concretos que pueden resolver. Desde la agricultura a la cultura, los datos aportan valor para construir sistemas inteligentes, para resolver problemas recurrentes, para comunicar mejor o para investigar.

Ahora bien, al tiempo que defendemos un enfoque sectorial para la reutilización de los datos, se hace más necesario que nunca un enfoque transversal para la gestión de los activos de información. Hemos descubierto que no es posible generar aplicaciones, algoritmos o servicios a partir de los datos si previamente no se lleva a cabo una buena gestión de los mismos. Como pasa en la cocina, el plato saldrá bueno solo si los ingredientes son buenos.

¿Cómo consigue una institución alcanzar un nivel de excelencia en la gestión de sus activos de información?

A través de lo que se está llamando Oficina de Gestión de Datos (DGO).

La DGO nace para coordinar los esfuerzos en apertura de datos y evoluciona de manera que va asumiendo distintos subsistemas de la gestión integral de activos de información. Detenta la visión estratégica de la producción y el consumo interno de datos. Establece acciones en cuatro frentes:

  • Análisis de herramientas de gestión de datos
  • Gobernanza y madurez de los datos
  • Inventariado y catalogación de activos de información
  • Cultura de datos

El resultado de una buena gestión de datos se manifiesta, en primer lugar,en el interior de la institución. El primer cliente del servicio de datos son los departamentos y unidades administrativas que van a utilizar la información para una mejor gestión de sus servicios y para fundar una toma de decisiones basada en evidencias.

Si se consigue este aporte interno de valor, la institución estará en condiciones de ofertar una gama de datos automatizados, fiables, de calidad y orientados a valor. La reutilización de buenos datos es incomparablemente más beneficiosa que la de datos parciales o no asegurados.

En definitiva, es bueno recordar de dónde venimos -de la publicación en masa- y saber a dónde vamos -hacia la consecución de valor. En ese camino, deseamos acompañaros.

2019-05-27T16:38:25+00:00